La fase inicial es importante para monitorear la cicatrización del tejido, control de la inflamación, estabilidad del sitio quirúrgico y posibles signos de complicaciones. Posteriormente, el seguimiento pasa a tener otro objetivo: preservar la salud periimplantaria e identificar los cambios antes de que evolucionen.
Por tanto, el postoperatorio debe pensarse como un protocolo de seguimiento clínico, y no solo como una lista de recomendaciones para el paciente.
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